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Plática De Apertura Catherine Dolan, RSCM Encuentro difícil creer que ya llegó el día y que estamos a punto de empezar el vigésimo Capítulo General de nuestro Instituto. Es el día y lo hizo el Sen?or. Hemos venido de lejos, de todas partes del mundo. Gracias a Dios, todas hemos llegado bien a pesar de algunos problemas de equipaje o de viajes. Somos felices, ¿verdad? de estar juntas para esta muy importante etapa de nuestra historia durante la cual nos esforzaremos a encontrar medios de continuar la visión del Padre Gailhac y de promover la vida en este nuevo milenario. Les deseo a todas la bienvenida con las palabras del himno que acabamos de cantar: que todas tenham Vida - que todas tengan Vida! Que nuestro encuentro en este capítulo sea una fuente de vida para cada una de nosotras y para todos los que dependen de nosotras en este nuevo milenario. "Estamos rodeadas de símbolos de vida, en las palabras y en la música como en el himno, en el arte que nos rodea, en el agua corriente que se quedará con nosotras, recordándonos el don constante de la vida que nos viene de Dios, en el logo que acompanó nuestra preparación y que estará con nosotras durante este capítulo. En esta sala existen sobre todo la vida y la energía, la potente energía de las mujeres, de culturas diferentes, de todas edades, con este mismo carismo y deseo de dar vida. ¿Cómo utilisaremos esta energía y la canalisaremos para que nos lleve hacia el futuro?…" Nuestro trabajo consiste en encontrar medios para continuar la visión de Gailhac. Para conseguirlo, tenemos que ser capaces de mirar con sus ojos el mundo de hoy día. Sabemos que la visión de Gailhac era de mirar hacia Dios y hacia el mundo, tratando de remediar las grandes necesidades de su tiempo. Esto es lo que queremos hacer en este capítulo, enfocadas en Dios por la reflexión y la oración que nos acompañarán durante este capítulo y serán para nosotras fuente de energía creadora. Tendremos que estar abiertas a su llamada como Instituto en este mundo de globalisación. Al escucha del Espíritu presente en cada una de nosotras y a través de nuestros diálogos, nos ayudaremos mutualmente a cumplir con el trabajo para el cual hemos sido llamadas, sea por elecciones para este capítulo o por el cargo que tenemos ex-officio. Tenemos una gran responsabilidad. Entre todas nosotras, aquí reunidas en esta sala, tenemos una riqueza de dones, de experiencias, de sabiduría y de bondad. Si los ponemos todos juntos, realizaremos mucho más de lo que nos podemos imaginar. Nuestros predecesores vienen a ayudarnos: el Padre Gailhac, la Madre St. Jean y las hermanas fundadoras, así también como todas las RSCM que nos precedieron desde hace más de 150 años, y quienes dieron al mundo de entonces la visión de "vida para todos" del Padre Gailhac. Todos ellos nos rodean hoy día mientras tratamos de discernir nuestra llamada en este siglo 21. No nos es nada difícil ver, de manera general, lo a que hemos sido llamadas. En las respuestas de las provincias, acerca de los beneficios, los peligros e efectos de la globalización, vemos muy bien que los efectos negativos sobrepasan de mucho los positivos. Estas palabras "efectos negativos" tienen mucho sentido. Significan la injusticia, el hambre, el desempleo, el rechazo de la vida familial y de los valores tradicionales, la falta de respecto de la vida, la impotencia, la opresión, la exclusión, el desplazamiento y la muerte. Han nombrado éstos y muchos más en sus respuestas. Éstas son las necesidades que vemos, que Gailhac vería y que nos llaman para que encontremos un remedio. Si los "efectos negativos" llevan en sí los frutos catastróficos de la globalización, sepamos que los "efectos positivos" llevan en sí la semilla de vida y de bondad que necesitan nuestro cuidado y atención si queremos renovar la faz de la tierra y transformar nuestro mundo. Uno de los efectos positivos que va ganando fuerzas es el que, en sus respuestas, han nombrado ustedes de formas variadas: la solidaridad, el trabajo juntas, las afinidades entre las gentes de todos los países y culturas, las relaciones interpersonales, la colaboración entre los pueblos, la interacción inter-cultural y multi-cultural. Esto tiene que ver con la unidad creciente/la fraternidad en nuestro mundo quebrado. En su mensaje para la Día Mundial de la Paz en 2001, Juan Pablo II habló de la esperanza que, en este nuevo milenio, las relaciones entre los pueblos sean inspiradas cada vez más por el ideal de una verdadera fraternidad. Acentuó la importancia del diálogo entre las culturas y las tradiciones si queremos obtener la paz. Las Naciones Unidas han declarado 2001 "el Año Internacional del diálogo entre las Civilizaciones". Me gustaría reflexionar en esto, respecto a nuestra propria situación, a nuestra unidad creciente como Cuerpo para la Misión, y me pregunto como puede esto servirnos para dar vida a nuestro mundo. Primero me gustaría hablar de nuevo del logo de nuestro capítulo, uno de nuestros símbolos de vida. Como ustedes saben, Marilyn Ficht de la Provicia Americana del Oeste, quien está actualmente en misión en la Región de Zambezi, dibujó el logo y escribió: "Desde nuestras 7 Provincias/Regiones, continuamos a alargar la mano hacia las necesidades de nuestro mundo en el año 2001 y más allá". En el logo vemos las varias provincias y regiones unidas y enlazadas por la cruz de nuestro Instituto y las diferentes partes del mundo en donde estamos también están unidas de la misma manera. Nuestra internacionalidad, el estar en tantos países y culturas diferentes nos muestra que tenemos los medios, la abilidad, el poder de permetir que la vida circule y de establecer una diferencia en muchas partes del mundo. Ahora es el momento de utilisar nuestro don de internacionalidad en nuestro mundo globalizado, sirviéndonos de la nueva tecnología para comunicar y viajar comodamente, utlizando nuestra experiencia sobre la red electrónica, no sólo entre nosotras, pero también con otros grupos y organizaciones que tienen las mismas preocupaciones. Éstas son bien numerosas, al nivel local y también mundial. Podemos, a través de la red eletrónica y de nuestra internacionalidad, actuar al nivel del mundo o al local para destruír las estructuras injustas que están al origen de los "efectos negativos" de la globalización. En sus carpetas habrán visto la declaración de la Reunión Plenaria de la Unión de las Superioras Generales. Tuvo lugar aquí, en mayo. Es una declaración que se concentra en la solidaridad y la colaboración de las religiosas a través del mundo entero como un medio potente para resolver los problemas urgentes de justicia hoy día. Desde hace muchos años, las congregaciones religiosas sólo hablaban de colaborar para el bien de la misión. Ahora es imperativo, es urgente actuar si queremos ver cambios. Si de nuevo miramos el logo, vemos claramente que lo que une toda la imagen es un corazón - ¿el corazón de Dios? ¿El corazón de cada una de nosotras quienes somos la misericordia y la compasión de Dios para nuestro mundo? Me recuerda el tema de la reunión de la UISG que era: "Religiosas: Muchas culturas, un solo Corazón. Enviadas a ser una presencia viva de la ternura y misericordia de Dios en nuestro mundo herido". Para mi es una imagen de lo a que aspiramos ser como Instituto y también como capítulo - varias culturas, un sólo corazón. Esto nos enseña lo que Dios quiere que seamos, lo que Dios quiere que el mundo sea. Sin embargo, es difícil alcanzar este ideal. No se consigue con sólo juntar gentes de culturas diferentes. Se necesita tiempo, paciencia, comprensión y diálogo. Uno tiene que aceptar la verdad de la desigualdad, de la dominación y de la injusticia entre las culturas. Es probable que también se necesite reconciliación en nuestro mundo como en nuestro Instituto y en nuestras comunidades. Esto puede ser muy doloroso, pero como lo vemo en nuestro logo, el enlace de nuestra internacionalidad es la cruz de nuestro Instituto. Es útil recordar las palabras del Padre Gailhac a la Madre St. Jean a visperas de nuestra fundación: "Dios está con nosotros y por lo tanto la cruz está también presente. Pero todo se arreglará… Dios será nuestra fuerza". Recordemos que la cruz hace parte de nuestra historia, hoy como en el pasado. Dada nuestra historia y nuestra fe en la presencia de Dios entre nosotras, podemos estar seguras que lo que es importante para nosotras en nuestra misión encontrará la cruz, incluso nuestros esfuerzos para ser verdaderamente multiculturales. Las palabras de San Pablo a los Efesios nos fortalecen: "En Cristo, ustedes que estaban tan alejados de nosotros se han vuelto muy cercanos en la cruz de Cristo. Él es la Paz entre nosotros y ha destruído las barreras que nos separaban". Tenemos un secreto que el mundo no tiene - es la convicción que nuestra unidad, nuestro "sólo un corazón", está anclada en Jesús que vino para darnos vida. Aún que tengamos que enfrentarnos con dificuldades y con la cruz, esta convicción es lo que nos da el poder de ser fuente de esperanza para el mundo, una presencia profética que puede proclamar la verdad y tomar las disposiciones necesarias para renovar y cambiar el mundo. Al empezar este capítulo, reconozcamos la importancia de nuestra internacionalidad de formar un sólo cuerpo, de ser de muchas culturas diversas y de tener un sólo corazón. Es el don más precioso que podamos ofrecer a nuestro mundo hoy día. Es un medio potente para renovar la faz de la tierra Es una fuerza que nos pertenence. ¡Que sea para todos fuente de vida! Antes de empezar nuestro ritual, las invito a pasar unos minutos gozando de las imágenes y de los sonidos de un disco compacto recibido a la UISG. Es una meditación que encuentro muy adecuada al comenzar el capítulo. Las invito también a unirse a los cantos, si lo desean. Catherine Dolan |